bio

Empecé a formarme como bailarín a los 18 años estudiando danza clásica con Carmen Roche y danza contemporánea con Blanca Calvo, Francesc Bravo, Ana Buitrago, Wim Vandekeybus, Carmen Werner, Mónica Valenciano, etc., al tiempo que descubría mi otra voz, el violonchelo. Durante los primeros 6 años desarrollé una intensa actividad autodidacta con él, hasta que pude estudiar con maestros como el gran Asier Polo, Michael K.Jones y Rodrigo Díaz. Formado como actor durante 4 años en el estudio de J.C. Corazza he trabajado en teatro y danza con Olga Mesa, S. Collado, Ramón Oller, Carmen Werner, Juan Domínguez, Ara Malikian, Dani Panullo, Teresa Nieto, Angélica Liddel, Santiago Sánchez, Alberto García, Enrique Cabrera, Robert Lepage, La Ribot, La Fura dels Baus, Cuqui Jerez, y Calixto Bieito (Los Persas).

De 2004 a 2011 dirijo y produzco con mi propia compañía de teatro 15 espectáculos en diferentes marcos como el Teatre Lliure, Teatro Arriaga, el Museo Reina Sofía o los festivales “Los Veranos de la Villa”, “Escena Contemporánea”, “Madrid en Danza”, “La Noche en Blanco”, etc. habiendo recibido el premio al “Espectáculo más innovador” en la Feria de Teatro de Huesca y girado por Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y América Latina sin subvención o apoyo alguno. Quemada esta etapa, actualmente la música… la música.

Utilizando la tecnología presente en la vida cotidiana, fabrico mis propios dispositivos de expresión a partir de teléfonos móviles, mandos de videojuegos, pantallas led´s, ordenadores, etc. y el entorno gráfico de programación Max/MSP. Sumado al uso de los programas Logic, Ableton live, Modul8 y otros.

Musicalmente formo el cuarteto-de-cuerda-de-una-sola-persona ecce cello, basado en la técnica de grabación de bucles en vivo con violonchelo eléctrico.

Mi teatro era, más que acción, reacción. El entorno más inmediato me planteaba cuestiones que intentaba responder físicamente sobre la escena, exponiéndome todo lo posible, otorgándole tanta importancia a aquello que quería contar como a la forma que usaba para contarlo. Intentaba que el espectador no saliera indemne, transmitiéndole con un lenguaje urgente y personal una desesperación espléndida, un pesimismo vital y enérgico.

Una vez que conté todo lo que tenía que contar, lo dejé.