rojo y negro

dios que se acabe ya. no soporto ver desfilar ante mí todo ese catálogo de pasiones humanas que es rojo y negro. me veo tan identificado en julian (no por su habilidades si no por su total sumisión a esas pasiones) que me es insoportable del asco. somos un parque de atracciones en el que uno es a la vez la montaña rusa y la señorita que grita atemorizada recorriendo sus tirabuzones.
somos como un pájaro de esos con 10 polluelos insaciables a los que calmar el hambre atroz tres veces al día; la vanidad, el deseo sexual, la ambición, los celos, la inseguridad… cada pajarito pujna por quedarse con todo el botín. las sensaciones recorren tu cuerpo como serpientes, tratas de dominarlas con acciones que modifiquen el mundo que te rodea, pero cuando esto falla, cuando el mundo exterior escapa a tu control (control! control! por eso no soporto la vida en sociedad y necesito estar solo, ahí puedo controlar o jugar con la ilusión del control) entonces empieza una encarnizada lucha en tu interior por someter esas sensaciones con el intelecto, y es ahí donde uno libra batallas enormes valiéndose de recuerdos, de frases de otros, de libros, argucias, músicas… cualquier cosa vale con tal de cambiar una sensación mediocre, y uno vive cada victoria o cada derrota como si fueran definitivas y totales. a veces la balanza se inclina hacia uno u otro lado varias veces en un solo día, en una sola tarde, y entonces lo que marcará la diferencia es el aguante físico que tenga uno, la terquedad y la ambición por imponerse a éstas. el orgullo. la cabezonería. la obsesión es un buen aliado, como un guarda espaldas que hace el trabajo sucio mientras nosotros podemos descansar un poco. pues en un estado de obsesión uno sigue y sigue sin el esfuerzo de tener que decidir seguir. sin la duda. eh! pero entonces hay que dejar que la duda aparezca, porque es la única que puede dar sentido a todo, al volver a plantear la misma pregunta pero de forma que la respuesta que tenemos preparada ya no nos valga.

los animales carecen de pasiones, es lo bueno que tienen, sus instintos les revelan con meridiana claridad el camino a seguir. sin cuestionamientos morales ni dudas sobre el presupuesto ni hostias. así que hoy abomino al hombre y prefiero a los animales. si no fuera por las mujeres guapas siempre preferiría a los animales antes que a las personas. aunque últimamente me conmueva el sufrimiento de la gente siempre he sido más sensible al sufrimiento de los animales, no al que se provocan ellos mismos sometidos a la ley natural joder, si no al terrible sufrimiento que les provocamos nosotros para saciar necesidades ya cubiertas por el avance de la tecnología o simplemente fútiles.

esta mierda ha sido escrita escuchando el movimiento andante de la sonata op 40 para piano y violonchelo de boellmann.

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otra vez:

dios que se acabe ya. no soporto ver desfilar ante mí todo ese catálogo de pasiones humanas que es rojo y negro. me veo tan identificado en julian (no por su habilidades si no por su total sumisión a esas pasiones) que me es insoportable del asco. somos un parque de atracciones en el que uno es a la vez la montaña rusa y la señorita que grita atemorizada recorriendo sus tirabuzones.
somos como un pájaro de esos con 10 polluelos insaciables a los que calmar el hambre atroz tres veces al día; la vanidad, el deseo sexual, la ambición, los celos, la inseguridad… cada pajarito pujna por quedarse con todo el botín. las sensaciones recorren tu cuerpo como serpientes, tratas de dominarlas con acciones que modifiquen el mundo que te rodea, pero cuando esto falla, cuando el mundo exterior escapa a tu control (control! control! por eso no soporto la vida en sociedad y necesito estar solo, ahí puedo controlar o jugar con la ilusión del control) entonces empieza una encarnizada lucha en tu interior por someter esas sensaciones con el intelecto, y es ahí donde uno libra batallas enormes valiéndose de recuerdos, de frases de otros, de libros, argucias, músicas… cualquier cosa vale con tal de cambiar una sensación mediocre, y uno vive cada victoria o cada derrota como si fueran definitivas y totales. a veces la balanza se inclina hacia uno u otro lado varias veces en un solo día, en una sola tarde, y entonces lo que marcará la diferencia es el aguante físico que tenga uno, la terquedad y la ambición por imponerse a éstas. el orgullo. la cabezonería. la obsesión es un buen aliado, como un guarda espaldas que hace el trabajo sucio mientras nosotros podemos descansar un poco. pues en un estado de obsesión uno sigue y sigue sin el esfuerzo de tener que decidir seguir. sin la duda. eh! pero entonces hay que dejar que la duda aparezca, porque es la única que puede dar sentido a todo, al volver a plantear la misma pregunta pero de forma que la respuesta que tenemos preparada ya no nos valga.

los animales carecen de pasiones, es lo bueno que tienen, sus instintos les revelan con meridiana claridad el camino a seguir. sin cuestionamientos morales ni dudas sobre el presupuesto ni hostias. así que hoy abomino al hombre y prefiero a los animales. si no fuera por las mujeres guapas siempre preferiría a los animales antes que a las personas. aunque últimamente me conmueva el sufrimiento de la gente siempre he sido más sensible al sufrimiento de los animales, no al que se provocan ellos mismos sometidos a la ley natural joder, si no al terrible sufrimiento que les provocamos nosotros para saciar necesidades ya cubiertas por el avance de la tecnología o simplemente fútiles.

esta mierda ha sido escrita mientras escuchaba el movimiento andante de la sonata op 40 para piano y violonchelo de boellmann.
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y otra vez más:

dios que se acabe ya. no soporto ver desfilar ante mí todo ese catálogo de pasiones humanas que es rojo y negro. me veo tan identificado en julian (no por su habilidades si no por su total sumisión a esas pasiones) que me es insoportable del asco. somos un parque de atracciones en el que uno es a la vez la montaña rusa y la señorita que grita atemorizada recorriendo sus tirabuzones.
somos como un pájaro de esos con 10 polluelos insaciables a los que calmar el hambre atroz tres veces al día; la vanidad, el deseo sexual, la ambición, los celos, la inseguridad… cada pajarito pujna por quedarse con todo el botín. las sensaciones recorren tu cuerpo como serpientes, tratas de dominarlas con acciones que modifiquen el mundo que te rodea, pero cuando esto falla, cuando el mundo exterior escapa a tu control (control! control! por eso no soporto la vida en sociedad y necesito estar solo, ahí puedo controlar o jugar con la ilusión del control) entonces empieza una encarnizada lucha en tu interior por someter esas sensaciones con el intelecto, y es ahí donde uno libra batallas enormes valiéndose de recuerdos, de frases de otros, de libros, argucias, músicas… cualquier cosa vale con tal de cambiar una sensación mediocre que te corroe por dentro, y uno vive cada victoria o cada derrota como si fueran definitivas y totales. a veces la balanza se inclina hacia uno u otro lado varias veces en un solo día, en una sola tarde, y entonces lo que marcará la diferencia es el aguante físico que tenga uno, la terquedad y la ambición por imponerse a éstas. el orgullo. la cabezonería. la obsesión es un buen aliado, como un guarda espaldas que hace el trabajo sucio mientras nosotros podemos descansar un poco. pues en un estado de obsesión uno sigue y sigue sin el esfuerzo de tener que decidir seguir. sin la duda. eh! pero entonces hay que dejar que la duda aparezca, porque es la única que puede dar sentido a todo, al volver a plantear la misma pregunta pero de forma que la respuesta que tenemos preparada ya no nos valga.

los animales carecen de pasiones, es lo bueno que tienen, sus instintos les revelan con meridiana claridad el camino a seguir. sin cuestionamientos morales ni dudas sobre el presupuesto ni hostias. así que hoy abomino al hombre y prefiero a los animales. si no fuera por las mujeres guapas siempre preferiría a los animales antes que a las personas. aunque últimamente me conmueva el sufrimiento de la gente siempre he sido más sensible al sufrimiento de los animales, no al que se provocan ellos mismos sometidos a la ley natural joder, si no al terrible sufrimiento que les provocamos nosotros para saciar necesidades ya cubiertas por el avance de la tecnología o simplemente fútiles.

esta mierda ha sido escrita escuchando el movimiento andante de la sonata op 40 para piano y violonchelo de boellmann.