aplauso en el metro y los maestros

ayer recibí mi primer aplauso en el metro. me emocionó más que cualquier aplauso que haya recibido en cualquier teatro. conseguir que ese río de gente transportándose se detenga es todo un logro. no digamos ya lo de las palmas. estoy acostumbrado a hacer mis cosillas en un lugar en el que los focos te ciegan, en el que la gente viene específicamente a verte, y en el que es casi imposible comprobar cómo afecta lo que haces a esa masa oscura y sin forma que es el público. aquí no, a cada instante la música que tocas provoca (o no provoca en la mayoría de los casos) una reacción inmediatamente comprobable; echan un euro, o un billete de 5, o se paran, quizá se quedan hasta que terminas para preguntarte, o se agarran el paquete y te onomatopellan… y a veces parece que aplauden. mientras – en esas 6 horas que aguanto tocando – trato de encontrar en mis loops de 8 segundos de duración alguna migaja de lo que shostackovich, tchaikovsky, schubert, schnittke, ligeti, beethoven, haydn o gubaidulina (también giya cancheli, por qué no admitirlo) eran capaces de desarrollar durante cuartetos de cuerda de 25 minutos de duración.

8 segundos frente a 25 minutos. esa es la diferencia.

“agitato” del cuarteto de cuerda nº 3 de alfred schnittke.

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Acerca de david fernández

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