crítica al movimiento 15M

aquí arriba el interesante (e insulso) texto crítico hacia el movimiento 15M, vía contraindicaciones:

“el 15-m ha expresado de forma ejemplar el signo de nuestros tiempos: ha reivindicado de forma popular y asamblearia las condiciones de una derrota histórica sin precedentes; ha exclamado su pretensión de mantener las condiciones de una de una vida insostenible al módico precio de olvidar la opresión pasada, justificar la presente y preparar la futura. […] el tiempo de la indignación es el tiempo de la defensa de los privilegios, no el de la revolución contra el orden que los produce.”

yo he sido crítico con el 15m, pero también lo soy con los críticos del 15m. para empezar, un libro que está escrito utilizando la voz nosotros ya me resulta sospechoso. el plural masculino representa como ninguno al hombre. ese mono guerreador y fagocitador, que siempre corre a refugiarse en lo colectivo para camuflar su fea alma en la uniformidad del grupo. prefiero al feo yo, todo el mundo puede ser yo, todos somos feos. pero solo unos pocos elegidos pueden ser unos nosotros, tan guapos ellos.

estos días la gente está saliendo a la calle para defender un modelo educativo que nos domestica y prepara para el yugo, se manifiesta para reivindicar una integración laboral que nos da forma como engranaje de la misma máquina que luego nos hará papilla nutribén, o para no perder la paga extra que permitía comprar el último modelo de iphone en navidad. aunque lo de la sanidad ya es otra cosa…

por otro lado los de la cultura reivindican la continuidad de la subvención al espectáculo, al entretenimiento en 3D. porque la cultura es un bien de interés general, claro, el ciudadano reclama el derecho a un ocio y un tiempo libre cuya máxima reside en desconectar de la mierda de vida que llevamos, para tomar fuerzas y poder seguir el siguiente lunes. eso sí, el estado ofrece la oportunidad de librarnos de esta asquerosa existencia todas las navidades, a través de la lotería nacional; nuestra única salvación depende de la suerte, no de nosotros.

siempre he visto la cultura y el arte como una de las mayores formas de rebelión que tiene el individuo a su alcance. concibo la cultura como el legítimo sonido de dicha y desesperación a que tiene derecho todo ser humano, así nunca he comprendido porqué el estado y el poder, hacia quien va dirigido ese grito, debería pagármelo. por mí que se vaya al garete el ministerio de cultura y las subvenciones a la cultura. que solo quede aquella cultura necesaria, la que encuentra en la imposibilidad de su producción su razón de ser, y que hace de esa imposibilidad el combustible fósil para materializarse, una cultura que nace de la negación, la disconformidad y la belleza de la fatalidad, la increíble e inagotable belleza del monstruo que somos. y por su puesto, una cultura que no mide su valía según su rendimiento económico (y entonces cómo se mantiene david? eh?).

este sistema se colapsa. se viene abajo. ¿hay que manifestarse y protestar? ¿protestar por la fatalidad de perder nuestro grado de comodidad? ¿protestar en divertidas, coloridas, pacíficas y céntricas manifestaciónes? ¡¡pero si habría que salir a la calle a celebrarlo!!

el ciudadano se siente víctima colateral de un sistema que sin embargo propicia y del que forma parte, pero solo quiere sentirse parte del mismo cuando éste reparte superávit y ganancias, no cuando se trata de asumir las consecuencias. nuestros legisladores y clase política no son un régimen extraterrestre venido del más allá. nosotros los hemos puesto ahí. ellos son ese nosotros. ¿que qué culpa tenemos? ¿acaso somos ajenos a todo lo que ha pasado? ¿no estábamos ahí? ¿no hemos permitido con nuestra actitud que nos conviertieran en marionetas esperpénticas? ¿y cuando dentro de un siglo la naturaleza se colapse también saldremos a protestar por el agotamiento de los recursos naturales culpando a aquellos que nos proveían de los mismos?

¿ahora protestamos porque no tenemos asegurado nuestro puesto bien remunerado en la cadena de montaje, porque, agotado el presupuesto para yugos, estamos condenados a nuestro libre albedrío? es hora de manifestarse, pero no contra ellos, sino contra nosotros mismos. ellos son nosotros, pero no tenemos poder sobre ellos, y sí sobre nosotros. ¡a por nosotros! …utilicemos el yo para derrotar al despótico nosotros.

el modelo actual se hunde por su propio peso, se devora a sí mismo, a causa de su codicia y de su propia naturaleza depredadora. es lo natural. ya era hora que pasara. bienvenida sea esta crisis. cuyas consecuencias no son abstractas, sino bien concretas, y que deberían servir de acicate al individuo para su emancipación, pero en vez de eso, éste reivindica su condición de esclavo y exige unas condiciones de esclavitud aceptables –pero nunca la abolición del la misma– convocando a sus semejantes a través de las redes sociales para corear juntos rimas que no son sino sus propios epitafios.

no todo está perdido! hay que luchar cada día y revelarse, se me ocurren tres pasos:

1 – tener sueños propios difíciles de cumplir (no vistos en ningún anuncio, tweet, película, libro, o grupo de facebook).

2 – afanarse en cumplirlos a pesar de todas las dificultades que puedan surgir, y cuantas más mejor (precisamente ahí está la gracia del “difíciles de cumplir”, se trata de mantener la actividad revolucionaria por toda una vida).

3 – ganarse la vida con el intento en cuestión (al final da igual si se consigue o no), siendo fieles nuestro sueño, intentando modificarlo lo menos posible con la excusa de conseguir un mejor sueldo.

para mí el sonido de la revolución es el de el sonido de bach en un clave (el instrumento por excelencia de la alta burguesía en su momento). la música compuesta para principes y reyes hace 300 años tocada en un palacio italiano del siglo XVI por scott ross a pocos meses de morir con su gorro de lana y su clave recién afinado a mí me sirve para plantar cara al tiempo que me ha tocado vivir.

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Acerca de david fernández

Bwv 582
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