Les Pleurs (El Llanto)

Formando una cara sobre la cara,
resbala el llanto de la vista al gusto,
dejando un rastro,
de veloces caracoles.
Ñapa de mocos y lacrimal.
Conciencia fortuita del formato del propio ser.
Quejidos y ruiditos que molestan a los vecinos,
y desconciertan a los animales domésticos.
Restos de papel higiénico por todas partes,
como serpentinas húmedas y desconfiadas.
Celebración disfuncional de la sensación de estar vivos.
Vuelta a la cueva, al niño del niño.
Sensación de haber pasado toda la vida juntitos.

Junto con los bostezos, el hipo, el temblor, los estornudos y la tos; el llanto es de los pocos impulsos que aún nos quedan de la niñez. El llanto es el más lento y antiguo, (como un estornudo que fuera ralentizado 500 veces, como un temblor que ocurriera a intervalos de 1 segundo por sacudida), y el único que nos devuelve a ese recoveco del recoveco del recoveco, en el que acurrucados escuchamos el latido del tiempo en nuestra sien, y los pasillos nos parecen de nuevo interminables desfiladeros imposibles de atravesar. Hasta que nos sonamos los mocos, y todo termina, y todo vuelve a empezar.

Acerca de david fernández

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