Berlin, un día cualquiera, ayer u hoy, pero sábado

Artistas vestidos como artistas (puaj!), gente de todas las edades y condiciones pedaleando aquí y allá, el tipo maníaco compulsivo y de conducta agresiva que ronda otra vez por el café en el que me conecto a internet… Realiza su periplo vital y cumple sus pequeños ritos que le salvarán la vida un día más. Luego sale a la calle, no está tan loco, pues mira bien antes de cruzar, a derecha e izquierda, pretende ser peligroso, pero dado que no lo es para sí mismo, dudo que lo sea para los demás. El vecino ha vuelto a despertarme a las 8:15 con su trasiego multi-tarea; sus golpes, pasos, portazos y cacharreos abarcan casi todo el rango de frecuencias graves; de los 30 a los 150 hercios. El concierto dura alrededor de 40 minutos, lo suficiente como para desquiciarme. Miro el lado bueno: ahora madrugo todos los días. Pero ayer me sorprendí trazando un plan para matarle, asaltar su casa, o simplemente provocar un accidente que le impida andar y cacharrear; se alimentaría a través de una pajita, y navegaría por internet utilizando el movimiento de sus ojos. Después de la sorpresa no vino el arrepentimiento, sino que sopesé los pros y los contras de cada plan, y opté por recrearme y perfeccionar mentalmente aquel que parecía más factible. Después de todo dudo que nadie quiera o vaya a echar de menos a un tipo que nunca sale de casa más que para avituallar su miserable existencia. No trabaja. Tampoco recibe visitas. Sus lesiones irreversibles no privarían de cariño o subsistencia a ningún animal doméstico, no al menos que yo sepa. Tendré que indagar en este último punto, no me gustaría que un pequeño peludo muriera deshidratado o de inanición, no se puede cuidar de un animal doméstico con el movimiento de los ojos. De repente cambié de plan, pensé en taladrar el techo (su suelo, mi techo es su suelo, su suelo es mi techo), y utilizar el agujero para cagarme en su puta madre, pero al instante me imaginé que él podría tirarme a través del mismo aceite de oliva, o desechos líquidos. Él está arriba, así que si hago un agujero, yo tengo las de perder. Mau me ha dicho que estas cosas se solucionan con amor. A veces le hablo y le digo que le quiero, le agradezco sus ruidos, pero mi amor no tiene la misma fuerza, duración e intensidad que mi odio, quiero matarle en un 80% y amarle en un 20%. Matemáticamente hablando, está muerto.

Acerca de david fernández

Bwv 582
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