Sensibilidad, pistolas y juventud

Los cocodrilos estaban acurrucados bajo el sofá junto a un par de gatos, y aunque parecían traquilos, decidí que lo más cuerdo era sacar a los gatos de allí. En el sueño aparecía también Raquel Trigueros, mi primer amor, pero Raquel era una mezcla entre Raquel y Cuqui Jerez. Por suerte esa mujer nunca ha existido, una mezcla de ambas hubiera sido fatal para mi corazón. No lo hubiera soportado. Soy demasiado sensible, el otro día lo hablaba con alguien, recordaba cuando siendo adolescente necesité llevar pistola durante casi un año, para no morirme de miedo al andar por la calle entre la gente. Joder, iba con un trabuco enorme metido en mis pantalones, era de fogueo, pero las dos veces que necesité sacarlo, comprobé que lo que ya sabía: el efecto sobre los demás era el de una pistola real, menos la muerte. La sensación de aquel hierro clavándoseme en las ingles me fue lo que me permitió hacer vida normal durante aquella época. Por suerte nunca pude conseguir una de verdad. Aunque lo intenté. Ahora he aprendido a andar por la vida sin pistola; y a base de hostias, Bach y gimnasio he corregido mi sensibilidad, de otra forma me hubiera vuelto loco o hubiera matado. Estos últimos días han ocurrido cosas que me han hecho sentir afortunado entre los hombres, doy gracias a la vida por ello, pero sigo trabajando duro para que haya más y mejor, pronto me haré viejo, tengo que exprimir lo que me queda de juventud, si es que aún me queda algo.

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Acerca de david fernández

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