Ingredientes para un estado de Gracia

Me encuentro en estado de gracia. Ya dura más de una semana. Cabalgas a pelo sobre un caballo que en cualquier momento te va a dejar tirado en medio de nada, muy lejos de casa. Arriesgo mi salud mental para conseguir estos momentos, la vida no tendría sentido sin ellos.

Ingredientes:
– Escuchar 133 veces “So ist mein Jesu nun…” y 26 veces el aria “Aus liebe” de Bach, 16 veces el final de la 2ª de Mahler y 9 veces el Alles Vergängliche de la 8ª del mismo cabronazo.
– Aprender a tocar “Le Timide” de Rameau.
– Saber que Pedro, el amigo de mi madre, se está muriendo ya.
– Ver a Almu (a la que di clases de violonchelo cuando tenía solo 8 años) con 22 años hecha una mujer.
– Conocer a Valerie Inertie por la calle y comerme un falafel con ella, recibir de su mano mi primera clase de tango y abrazarla bajo una lluvia de la hostia, sabiendo que nunca habrá nada (sexual) entre nosotros.
– Pasar 3 días con unos chavales de 20 años haciendo el canelo, y recibir mi primera clase de salsa. Tras la cual decido que voy a aprender a bailar salsa por mis cojones. Se acabó el mundo sin salsa.

Aunque repitiera la receta, fracasaría. Cada época tiene su música y sus resortes. Y el tiempo de cocción también varía mucho. Pero si uno está pendiente de los frutos de temporada y con el hambre despierta, se pueden conseguir unas galopadas de la hostia puta en verso. Se trata de estar lo más sensible posible sin perder la cabeza, sobre el cable, a 100m. del suelo, manteniendo el equilibrio, evitando la euforia, pero sin permitir que lo cotidiano o lo práctico proyecten su sombra sobre esta dicha como 10 soles.  Dentro de poco se acabará, pero me estoy cagando vivo del gusto. Ojalá pudiera dar esto a quien tanto quiero y que tan mal lo está pasando.

Está siendo uno de los mejores veranos de mi vida.

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