Juan Darienzo y su orquesta

Ayer fui a bailar a mi primera milonga. Como un señor. Esto de los bailes me ha transformado. Soy un hombre nuevo. Otra vez un hombre nuevo. O debería decir: un señor nuevo. Ayer hice la transición de joven a señor en 4 horas de milonga. He alcanzado a ritmo de tango cotas de felicidad que pensaba conquistadas. En pocas palabras; el intercambio y la calidad del cariño y del contacto humano que se establecen con el tango supera en muchas cosas al sexo, al cariño de la familia y al de la pareja. Es una puta nueva dimensión que me tiene trastornado.

Es jodidamente difícil, en dos meses me he chupado unas 50 clases, suficiente (con mi pasado dancístico) para echar a andar. Las clases son en Alemán, todo en Alemán. No entiendo un cojón. Pero ayer en durante la milonga (se le llama milonga a los sitios donde se baila tango, ahá) se me iba la cabeza: joder, alemanes míos de mi corazón, yo entiendo las letras de las canciones y vosotros no. Y no sabéis lo que os estáis perdiendo. Porque son tremendas.

Acerca de david fernández

Bwv 582
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