mierda

En el campo, en casa de mi madre, con todos mis juguetes, solo, 18 grados, sol espléndido, salud, comida, 1200 pavos en el banco, todo el tiempo del mundo para trabajar en mi música… pero la sensación de que no valgo para nada, de que no tengo nada que contar, de que soy un impostor, me invade de dentro hasta afuera y lo tiñe todo; y hace que el brillo del sol resulte insultante, que la abundancia en la que nado me ahogue. Soy un vago, un perezoso, un oso onanista y glotón, un niñato de mamá, un tonto. De qué vale todo esto si no hay nadie con quien compartirlo? El sol es tan impostor como yo pueda serlo.

Ya no vale consolarse con pensar en que esto es parte de mi, de mi proceso creativo y mierdas por el estilo. Tengo casi 40 tacos, ciertas milongas ya no me las trago ni contadas por mí mismo.

Siempre he sospechado que nunca tuve nada que decir, y que tampoco he podido desarrollar habilidades técnicas para decir/contar como intérprete aquello que dejaron escrito los que sí tenían algo que contar… por lo tanto solo me he limitado a expresar con mi trabajo el dolor que me causaba esa certeza: la de ser consciente de mi poca valía, de mis límites, de mi falta de profundidad.

Hoy me he levantado y he escuchado la 5ª de Bruckner. Antes había estado leyendo un libro que me encontré por aquí, República de Platón, nunca he leído nada del tío éste… me sentía como un señor culto, a salvo de su propia mediocridad –siempre acechando como una alimaña hambrienta–, luego ojeando un artículo en el periódico encontré una referencia a las cartas de amor que Diderot escribió durante casi 20 años a su amor, Sophie Volland, y señalé el librito para comprármelo. Todo parecía andar bien, me sentía a salvo de cierta alimaña… Subí a mi clave y toqué un rato a Rameau… pero un asco por mi mismo, una certeza de que me estaban dando cambiazo lo ha invadido todo de repente, y no he podido hacer nada por escapar. Soy una estafa. Doy pena. Por mucho que trate de enterrarme bajo una montaña de alta cultura, soy un mediocre machito de barrio vanidoso y racista, un paleto engreído y egocéntrico, cuyo afán de protagonismo e inseguridad patológica guían todos y cada uno sus pasos. Un hombre enamorado de sí mismo, que por lo tanto es incapaz de amar, y por auto-celos tampoco es capaz de dejarse amar. Estamos apañados chaval. Me voy a hacer una paja y luego unos espaguetis con tomate. Adios.

Acerca de david fernández

Bwv 582
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Una respuesta a mierda

  1. Pues mira, no te conocía yo antes del pictoplasmagate dijo:

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