Volví y me vuelvo a ir

El sábado volví al rock’n’roll. Es el trabajo con el que estoy más contento hasta la fecha. Lo monté en 5 días. Funcionó mucho mejor que cuando le doy mil vueltas a algo durante dos meses y me torturo inútilmente. Ahora lo empiezo a entender; a mí lo que hay que hacerme es dejarme en medio de escena, perdido, sin un guión, con mis juguetes y un montón de putadas que solventar en tiempo real, frente al público. Lo hice. Simplemente fijé un sencillo mecanismo, un dispositivo con diferentes resortes y obligaciones: un piano con 12 partituras que tocar ligadas a los momentos en las que las aprendí, los casi 20 libros que más me más han marcado –que abría al azar para leer pasajes e improvisar sobre ellos o utilizarlos como conclusión de las partes– y pequeñas escenas independientes que expresan y definen mi relación con la música. Sanseacabó. Mi función en el teatro, si es que tengo alguna, lo que yo puedo ofrecer; es el espectáculo de ver a un tipo que no sabe nadar, abandonado a su suerte en medio de un desierto de agua. Ahora, vuelvo a la música.

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Foto: Romina Peñate

Gracias a Elena por su curro impecable y por iluminar como Dios. A Romina por las fotos. Y a Rosa y todo el equipo del Auditorio de la Cabrera por abrirme su casa y dejarme ponerla patas arriba. Más a gusto imposible.

Acerca de david fernández

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