L’important c’est d’aimer de Andrzej Zulawski

Vi esta película el otro día. Lo importante es amar. Menudo ostión que me ha pegado. Es cien veces mejor que la guerra de las galaxias. A veces, con el paso de los años, he llegado a pensar que no volveré a amar ni ser amado como en mis años jóvenes. Hay un montón de cosas válidas que hacen que la vida sin ese amor sea también intensa y verdadera, y que merezca la pena. Pero me resisto a aceptar que se acabó. Sin embargo veo un montón de gente alrededor mío que lo ha aceptado; ya sea por los golpes recibidos, por la incapacidad para gestionar ese torrente, o por la edad. Han aceptado que se acabó. Que han tocado techo. Cómo puede ser?

Lo repito: solo hay una fuerza más grande que el amor, el desamor. Pero prefiero el amor.

Pero aún aguardo con esperanza ese amor que lo arrase todo: como un pueblecito costero de casas bajas y ambiente apacible, que espera con el corazón en un puño el tsunami que lo borre del mapa. Todos estos años de lucha y de conquistar mi lugar, mi independencia de todo y de todos, mi individualidad… creo que no son más que una preparación para el amor; para amar y ser amado. Un cobarde como yo, solo cuando se tenga a mí mismo, puede abandonarse al amor y perderse, y amar. A pesar de haber sido osado, he sido en realidad un mezquino y un pusilánime, un cobarde que ha sido incapaz de entregarse al amor. Estos años duros trabajando en la calle me han servido para corregir al niñato. Quizá voy estando preparado, ahora que voy sabiendo quién soy. El amor no es un ochomil que escalar, el amor es un ochomil que nos escala a nosotros y se nos instala entre pecho y espalda. Pero tengo miedo que todos los demás amores sean ridículos al lado de aquel amor de Angélica. Si vosotros hubierais recibido ese torrente de amor, de atención; una luz como cien soles que brillaban solo para vosotros, un temblor de tierra sincronizado con el latido de vuestro corazón, un llanto que concentraba sobre vuestro nombre los llantos de mil pares de ojos. Si hubierais sido receptores de uno de los grandes amores del siglo; digno de Sthendal y Flaubert… y os hubierais comportado como un personaje de la serie “al salir de clase”, seguramente renunciaríais al amor y montaríais una tienda de ropa de segunda mano de la franquicia “Humana”. No lo descarto, pero quiero una segunda oportunidad. Quiero amar como un oso polar de 3 metros.

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Acerca de david fernández

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