Precioso domingo soleado en Berlín 

Que insultante este sol radiante y hermoso, que con su esfera perfecta y brillante nos obliga al disfrute y lo exterior, y nos recuerda lo ridículo de nuestra vida recluida; es brillante espejo de nuestra cobardía. Su luz sin embargo proyecta oscuras y definidas las sombras de los objetos que con ella se bañan, silencia su luz también el brillo de millones de estrellas, de millones de noches. Desvela mis sueños y hace más visibles mis pesadillas. Qué calor coño, y qué pesado el compromiso de la obligada celebración de la luz. La luz y sus ruidosas multitudes reclaman mi sonrisa, pero yo solo arqueo mis cejas 3 veces sin aparente sincronía, y aprieto mis glúteos rítmicamente para salguardarme de su libertad: librarme de la condena de la luz a través de mis ritos rítmicos y pequeñas contracciones musculares. Ojalá fuera lo suficientemente libre como para no torturarme por haberme quedado todo este precioso día encerrado yo solo en mi puta habitación. 

Acerca de david fernández

Bwv 582
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.