Do you dance?

Lo hice! Después de una hora y media de dudas me fijé en una chica que me gustó como bailaba. Hacía una noche perfecta, pista de baile al aire libre, junto al río. Me armé de valor, igual que cuando con 15 años salía a cazar nazis por Madrid, y me dirigí a ella atravesando la pista y apartando parejas. Para mi sorpresa aceptó mi petición sin dudarlo. Sin que tuviera que liarme a hostias, sin gritos ni persecuciones. Pero ni tan siquiera fui capaz de guiarla el paso básico. Me sentí ridículo y desarmado. No como un principiante, si no como un farsante. Notaba mi rostro caliente y podía sentir el pulso en mis sienes. El tacto de su delicioso vestidito, compuesto por cientos de pequeñas perlas o cuentas, resultaba de una complejidad inasumible para la mano con la que rodeaba su espalda. Mis sentidos estaban embotados. No podía escuchar la música. Por momentos me parecía que el suelo del Monbijou park estaba inclinado hacia el río, y que en cualquier momento rodaríamos ella y yo para acabar en el fondo. Bajo mis pies el piso resbalaba. No era capaz de mantener el tempo ni de avanzar por la pista de baile. Tan solo una ridícula “parada” mal ejecutada; eso es todo lo que pude ofrecer a aquella criatura después de un año yendo a clases de tango día tras día. Le ofrecí eso y un hombre de 40 años temblando como un niño tiembla frente a los matones del colegio. En un intento por apelar a su lado humano, le abrí mi corazón: “you are the first girl I invite to dance in my whole life, I will never forget it”, ella miró a mi pecho y asintió con uno de esos “mmhh” que bien valen para contestar a la policía, al frutero o a un vecino enfadado. 

Acerca de david fernández

Bwv 582
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