Ahí estaba la Merkel, el poder personificado, sentado a escasos 3 metros de mi violonchelo. Y nosotros tocando el himno a la alegría de Beethoven. El himno de nuestra Europa unida y libre y rodeada de alambre espino. Y yo pensando en levantarme y atizarle con el arco: “escucha hermano la canción de la aleeee…” ZAS!!! Hubiera sido un acto de justicia poética: “el Himno de la alegría ataca a Angela Merkel causándole politraumatismos y perdida de visión en el ojo derecho”. Mi stegreif-am-kommunicationsvida hubiera cambiado para siempre, hubiera sido el violonchelista más célebre del año, las ventas de mis discos se hubieran disparado… Coño! Pero cómo voy a hacer algo así??! Lo del Pictoplasma fue una fatalidad, se me escapó, me pusieron un micro, me hicieron la pregunta equivocada  y no sabía que estaba en el aire! Luego me comporté como un cretino, es verdad. Pero lo pasé muy mal. Tuve una crisis ansiedad de hospital. Hice mucho mal a mi gente y a la causa que supuestamente defiendo. Fui horroroso. Y hoy era el momento de la orquesta y de la música.

Pero me he sentido contrariado. La música clásica es para mi un lugar de lucha y resistencia, y hoy ha servido para adornar un discurso de la Merkel y reconfortar su espíritu y a las élites. Se tenía que ir pero ha pedido quedarse para escuchar la siguiente pieza que tocábamos. El terrible y radical David ha acabado tocando el Himno a la alegría a la Merkel en la capital del imperio. Joder qué puto outsider que soy chaval.

Acerca de david fernández

Bwv 582
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