Paraíso 

Cada año me vengo aquí (vengo de venirse y de vengarse) dos o tres meses. Mi mamá me mima; como bien, me obsesiono con mis mierdas, me paso el día haciendo lo que me sale del coño. Me pego mis desayunos continentales leyendo a Descartes o Marco Aurelio y no entiendo ni leches, pero mi café con tostada y mermelada son un bálsamo sobre el dolor que me provocan mis limitaciones intelectuales. Luego me paso dos horas tocando a Bach, me encierro a trabajar o a ver vídeos chorras el resto del día. Según me dé. Estoy en la obligación de disfrutar esto, por todos los que no lo tienen. Ser feliz es un deber moral para con todos los desgraciados. Soy un privilegiado.

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Acerca de david fernández

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