Cuatro intensos días de tango. Workshop a mediodía, clase por la tarde y a bailar por las noches. Te vuelves insaciable. Quieres aprender, y repetir y repetir ese paso, y bailar esta o aquella música. Y encuentras a compañeras como tú, que para este vicio hacen falta dos, y entonces ninguno de los dos quiere parar. Ni puede. Ni lo intenta. Lo ves en sus ojos; están enfermas como lo estás tú: no te tienes que justificar más. Comer algo rápido y volver a la pista. Ayer 9 horas bailando y cuando se acaba te sabe a poco. Te vas a casa sintiendo el cuerpo del otro aún abrazado al tuyo. Provocando sacudidas y calambres durante el sueño. Sientes aún la presión de su pecho contra el tuyo. Sus pestañas rozándote la oreja. El calor y la humedad de su cuerpo tras horas bailando. Las manos aferradas la una a la otra, recibiendo y emitiendo presiones sutiles que que transmiten indicaciones, ritmos y miedos. No entiendes cómo la gente puede vivir sin esto, y sobretodo no entiendes cómo tú pudiste. Hundes tu cabeza en la almohada y solo esperas que lo que hay en medio de de un día de tango y otro pase rápido. 
Y mis maestros! Gaia, Leandro y Francesco… Ah, qué suerte he tenido de encontraros. Familia mía!

Anuncios

Acerca de david fernández

Bwv 582
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.