Angélica nunca se acaba

Hace un año me dejaron el maravilloso teatro de La Cabrera en Madrid para hacer lo que quisiera. Me salió una cosa de título ñoño y barato: La música más triste del mundo. Hacía años que solo hacía música, que no me subía a un escenario a enfrentarme a mis ángeles y demonios. Ese día me puse un piano de cola y los libros que Angélica me fue dando para mi educación. Toqué casi todas las piezas que me unen a ella, en especial esta. Ver a Agélica escuchando “La livri” de Rameau en “Perro muerto…” me abrió la cabeza y me cambió la vida. Me compré un clavecín y aprendí a tocar esa música. Ese amor de mierda nunca se acaba. Aunque sea mentira como la música misma.

Vosotros nunca habéis tenido una Angélica, yo sí: para mí solo.

Anuncios

Acerca de david fernández

Bwv 582
Esta entrada fue publicada en mi casa. Guarda el enlace permanente.