Langsam—Ruhevoll—Empfunden

El año pasado escuché el Langsam—Ruhevoll—Empfunden de Mahler cada día. En ocasiones tres o cuatro veces. Lo escuché incluso durante los días de diciembre en los que ya me había destrozado por completo y no podía más. Incluso cuando los ataques de pánico ya habían aparecido. Solo paré de escucharla en enero, cuando ya estaba tan aterrorizado que a penas podía escuchar música.

Mahler puso subtítulos a todos los movimientos de su tercera sinfonía. A este movimiento de veinticinco minutazos con el que concluye lo llamó “lo que el amor me dice”. Al rendirme a esa música totalmente, yo quise escuchar también la voz del amor. Y vaya si la escuché; me susurró bajito —mientras sentía el calor de su boca y el aliento en mi cuello— “I don’t love you”. Y me lo dijo de tantas formas y tantas veces que hubo un momento en el que toda mi fuerza y resistencia de estos ultimos 15 años y toda mi fabulosa coraza se derritieron sobre mi cuerpo desnudo y me quedé temblando como un chiquillo, esperando y rezando por que aquello pasara.

Ahora al fin vuelvo a poder escuchar el Langsam—Ruhevoll—Empfunden casi cada día. Poco a poco voy volviendo a estar en forma! Y dentro de poco volveré a estar dispuesto para escuchar otra vez su voz. Escuchar! joder, qué habrá dentro de los oídos y que misterio es aquel que transforma los sonidos en algo tan poderoso y jodido.

Ah si! Y acaban de sacar las primeras ayudas en Madrid para la gente que hemos estado haciendo el burro durante años sin un duro. Supongo que seré un marginal dentro de los marginados y no veré que es eso de trabajar en condicones … pero quizá las cosas hayan cambidado! jajajjajaaa … Yo lo voy a intentar, claro que si, me merezco un poco de cariño ya, coño. Que tengo cuarenta tacos. ¡Y además justo este año que vuelvo a producir obra! Es una señal de dios. Óle por Getsemaní y toda la gente que ha logrado esto. ¡Qué bello! Simplemente es increíble. Yo por primera vez voy a pedir dinero a mi estado, y voy a huir con él a Argentina y me lo voy a pulir en bailar tango con mi Mau en todas las milongas Bonarenses. Y me quedaré allí escuchando a Mahler hasta que me repatrien en un barco de amor para náufragos pequeñitos. 

Viva el amor y viva el tango

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Acerca de david fernández

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