La muchachada galáctica 

Un largo abrazo de treinta personas antes de salir al escenario. Casi lloro. Hoy llega a su fin la producción de Schubert. Nunca había formado parte de algo tan colectivo. Me muevo torpe con mi individualismo y mi timidez perezosa y egoísta. Prefería quedarme en mi habitación oliendo mis pedos y leyendo las noticias. Pero me he bajado al hall del hotel con la muchachada. Otra vez casi lloro. Es extraño verlo desde dentro. Cuando tenía su edad, a los veinticinco, me comportaba ya como un viejo, y también me solía poner a parte. Ahora ya con cuarenta no tengo arreglo. Pero por un momento me he sentido parte de su universo. He sentido su camadería sincera y ligera. Su cariño exento de interés. Para mí todo tiene que tener un interés o no hay forma de que me centre. Todo lo juzgo. Soy un puto cuadro. Pero hoy me he relajado. He aprendido que ahora whatsup incluye filtros y puedes añadir chuminadas, y juro que lo he disfrutado y me he partido el culo y he sido feliz (más abajo el clarinetista y el contrabajista). En abril tocaremos en el Konzerthaus de Berlín, el gran templo de la música clásica. Moraleja: nunca subestimes a la muchachada. Submoraleja: nunca subestimes el cariño.

Tareas pendientes para no quedarme atrás en la orquesta: aprender Alemán, aprender a leer música y ser más participativo. Objetivos conseguidos: tocar en una orquesta de chavales alemanes sin saber música ni Alemán ni ser un chaval.

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