Aquí se enseña a bailar (pero se llevó el suelo)

La entrada está igual, la misma leyenda “Aquí se enseña a bailar”. Volvimos allí, después de veinte años, a la escuela en la que nuestro ansia vital eligió la tortura del ballet para medirse frente a la vida. Y pasamos una noche gozona, sin parar de bailar un tango tras otro, con un subidón que ni la mejor farlopa, abrazados el uno al otro y sin creer que la vida te pueda ofrecer experiencias tan maravillosas a seis euros por cabeza. A nuestro alrededor decenas de parejas de sesenta años para arriba. ¡Qué noche de emoción y bailes señoras y señores!

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La Carmen Roche siempre había sido muy de mirar la pasta, supongo que estaba ahorrando para el chalet y las operaciones de gepeto. Nos enteramos que cuando pillaron el espacio hace doce años para hacer la escuela de tango, la Roche les pedía un dinerito por el traspaso y resultó que ni si quiera había tenido licencia en dieciocho años. Jajajaja…! Como somos los españoles coño. Y luego aquel suelo maravilloso hecho de roble que tenía el estudio, la muy señora Roche se lo quería vender antes de irse, y como esta pareja argentina no tenía ni un pavo, ella va y lo arranca todo (cientos de metros cuadrados) y se lo lleva con ella!! …Y luego después de un año les llama para decirles que si lo quieren comprar, que lo tiene por ahí guardado. ¡Pero joder! ¿Qué me estás contando? Así era la Roche… fumando mientras daba la clase, sin licencia de actividad, y luego encima va y se lleva el puto suelo puesto. Puro genio gincho, eran otros tiempos. Pues eso, que pasamos una noche de emoción como las de los programas esos de la tele que reúnen a gentes que hace mucho que no se ven y van a tinglados revival pasados de moda. Pura emoción a golpe de cuerpo.

Roche-tango-mau-david-OKQue goce bailar contigo Mau, que estás obsesionadita viva como yo y ya empiezas a bailar el tango como se debe. Que bueno tenerte en este viaje sin retorno al tango. ¡¡Sigamos machacándonos hasta bailar bien bien!! ¡Hasta cada paso salga perfecto, para destilar todo aquello que en la vida se nos escapa de las manos, pero que convertido en tango podemos asir y acariciar. Con cada paso perfecto, sincronizado, en música, convertimos en mansa la bestia que nos muerde las tripas, y por unas horas sentimos que es todo amor, que el nudo que nos ahoga es en realidad un abrazo que nos guía flotando por la pista de baile.

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Acerca de david fernández

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