8 de mujer, digo de marzo

Lo he reconocido desde que soy un adulto. Soy machista hasta la médula. Lo he admitido muchas veces sin tapujos, hasta el punto de que suena como una reivindicación (al igual que admito mi racismo y otras lindezas que me son propias) Pero lejos de ser reivindicaciones, son un reconocimiento para no bajar la guardia: Mi padre, mi madre, y la sociedad en la que he crecido me han instalado un sistema operativo, que por mucha aplicación que le pongas, lo procesa todo en segundo plano con esas coordenadas. No importa cuanto haya tratado de leer, de comprender, cuanta música haya vertido sobre mi conciencia. Siempre tengo que estar vigilante, porque pertenezco a la especia predadora más mortífera de la historia de este puto planeta: el varón blanco de clase media. Soy una máquina de maltratar y de machacar. Y lo primero que tengo que hacer es reconocerlo y ponerme una puta pulsera mental para mantener la orden de alejamiento entre mis impulsos y los escasos 500 metros que me separan de llevarlos a cabo.

Esto de la huelga de mujeres de mañana me parece maravilloso. Aunque sea impulsadas por la ola trendintopiquera y consumista que impregna todo movimiento social de los últimos años a esta parte, me parece cojonudo todo lo que está ocurriendo. Es excesivo, pero es que tiene que serlo. La única forma de equilibrar la balanza, es pasándose un dos pueblos hacia el otro lado. Ya basta de tonterías. Llevamos miles de años machacando a las mujeres y ahora nos toca que nos den un poco. Claro que sí. Yo estoy dispuesto a aprender y a perder mi parcelita de poder, pero no sé cómo, así que vamos a tener que aprender juntos. Me viene a la cabeza una historia…

Aquí en Berlín conocí a un cielo de mujer. Menos de treinta años. Un bellezón con un coco y unas tetas de muerte. Y muy sensible. Me sorprende mucho, las pocas veces que he estado con tías diez o quince años más jóvenes que yo, lo influenciadas que están con el porno, con ese porno asqueroso que está por todas partes (y con el que yo también me pajeo, todo sea dicho). A los dos días de acostarnos, ya estábamos haciendo cosas a un nivel cerdo cerdo, que yo no había visto. La tía me decía guarradas en tres idiomas diferentes, la degeneración de su imaginación y su rapidez me daban tres vueltas, no daba crédito a las cosas que me decía. Al tercer día vino el primer bofetón. No me lo esperaba para nada. No fue un cachete. Me calzó un ostión en la cara en toda regla mientras follábamos tan ricamente. Y luego… zasca! Va y me escupe con sus ojos clavados en mi alma. El sexo es un diálogo. Uno no pregunta, uno va haciendo lo que quiere que le hagan con impaciencia y esmero. Pero joder, hacía que no me escupían en la cara desde sexto o séptimo! Le devolví el ostión. Un limpio bofetón en toda la cara con la mano bien abierta… Y creo que también el lapo… Por supuesto yo nunca había pegado a una mujer antes… Y de repente tenía bajo mi cuerpo a esta criatura bellísima a la que adoraba, a la que quería cuidar y llenar de besos, que me pedía que le fostiara mientras me la follaba. Pero qué coño era eso? Le calcé otro ostión. Sí. Era brutal ver cómo se enrojecía su mejilla, como se retorcía y trataba de protegerse –el miedo y su indefensión mezclados y confundidos con el deseo y el cariño– pero dejándome siempre la mano libre para calzarle el siguiente bofetón, y otro. Y otro. Y ella cada vez más cachonda. Y yo totalmente sobrepasado. Pero al mismo tiempo dando rienda suelta a ese monstruo que todos llevamos dentro y que ella invocaba con su bestialidad.

Yo follando soy de lo más normalito. Quiero decir, me gusta echar polvos de hora y media, darlo y tomarlo todo, pero no me gusta así nada raro (hombre, un dedillo por el culillo de vez en cuando no está mal). Pero reconozco que el lugar al que me llevó esta tía era fascinante. A los pocos días me empezó a pedir que la asfixiara, pero de verdad. Quería que la llevara a un lugar de total cosificación y de control, hasta el extremo de sentir que su vida estaba en mis manos literalmente. Cinco o diez segundos más, y se hubiera muerto en mi puño.. Por supuesto era una decisión y una propuesta suya, y yo tenía todos mis sentidos puestos en detectar cualquier límite o señal que indicara que había que parar.

La verdad es que yo ni me empalmaba. Reconozco que era brutal llegar a ese nivel de intimidad, de confianza, de locura, de perdición… pero a mi no me pone cachondo. A mí lo que me pone cachondo son los besitos.

Cuando aquello ya paró, me quedé bastante tocado (quizá los ataques de pánico y de terror brutal tenían que ver con aquello?). ¿Qué clase de educación y de información le ha llegado a esta mujer? …Esto no es lo habitual, pero lo de las tías de esa generación que se comportan en la cama como en una peli porno sí que es bastante habitual. Yo quería ser tierno y hogareño. Y ella empeñada en montar un campo de concentración en mi camita.

Probablemente esto no tiene nada que ver con lo de la huelga de mujeres de mañana. Pero me ha venido a la mierda de cabeza esta que tengo. Ojalá nos revienten. Ojalá nos den una lección papá. Estoy arto de escuchar toda tu gama de excusas y clichés en torno a este tema tan importante. Como dice mamá: llevamos miles, cientos de miles de años machacando a las mujeres (en realidad machacando a cualquier cosa que sea físicamente más débil que nosotros) y ya es hora que nos den una buena patada en el culo. Aquí está mi culo para que lo pateéis! Pero luego darme un besito por dios, llenarme de besos y dejarme que llore acurrucado y rendido en vuestros brazos.

 

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Acerca de david fernández

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