He empezado a fumar de nuevo, pero ayer tiré el tabaco por la ventana. El amor se nos resiste. Otra vez mendigandolo como un Cuasimodo. El acto sexual, con su dosis de violencia y animalidad, nos proporciona al género masculino la dosis de cariño y ternura que ansiamos, y que no podemos extraer de un simple abrazo, una caricia o una conversación. El cariño como una piedra preciosa que solo puede producirse en condiciones terribles. El sexo calma al asesino que llevo dentro (al que quiere matar, y al que quiere matarme), el sexo me convierte al dictador en un niño agradecido. El sexo me dijo que no me preocupara, que todo iba a ir bien. Y descansé y celebré la vida (cuando lo hubo). 

Me fumaba ahora mismo un cigarro maravilloso. Pero lo tiré por la ventana. Joder con las ventanas. 

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