Nuestra primera crítica No future!

Jordi Sora i Domenjó

Smartphones, tablets, y dispositivos varios acompañan el cuerpo. Bueno: lo someten. Después del deambular y de la prensión palmar, vino la extensión de vida. Así lo explicará seguramente la antropología del futuro. La evolución humana empezó a ser para-anatómica el día en el que empezamos a depender de un artefacto que nos hace las veces de cerebro portátil.

David Fernández está al día de la última, en este capitulo de lo digital. Bueno: más parece un tecnópata, tal y como lo presenta en escena Maureen López. La idea se refuerza con un inicio hilarante, con unas tablets gigantes por cabeza y el nuevo juguete que se ha comprado: un pequeño robot en forma de araña que hace las delicias del público.

Envuelve esta pieza un nihilismo existencial de aúpa: esa actitud de negación, inmersos como están en la novedad que aportan esas herramientas al conjunto. Sirven tanto para una crítica sobre el porvenir, oscuro e insaciable en lo humano; como para generar imágenes de gran belleza estética, con su composición de luces y colores. Artefactos de transformación de una realidad que, por poco avispados que seamos, no reconoceremos igual en un futuro. Ni en la calle, ni en los teatros. Pocas veces una obra presentada en el TNT (Terrassa Noves Tendències) explica de forma tan afinada hacia el abismo al que las artes escénicas de dirigen. ¡Ojo! No porque sea imposible integrar esas tecnologías en la representación, ahí están ellos para demostrar que eso es posible. Más bien porque no hemos tomado el tiempo y la distancia necesarias para pensar sobre sus consecuencias.

Dicen que tras el estreno aquí de No Future Yes las posibilidades de ser programados es ínfima. Bueno: imposible. Intentan coreografiar unos movimientos para el robot que sigue dando vueltas por el linóleo blanco. Y Maureen cree haber bailado de la manera más absurda a la que nadie le ha empujado en su vida. Como si la escisión entre aquello que puede transmitir desde su gesto sea incompatible con esa extensión de nuestro cuerpo en la que nos han convertido los nuevos amos: el like, las stories y las selfies. Algo de eso es cierto en el fragmento del espectáculo en el que simulan presentar, ahora sí, la performance que tenían prevista. Están desbordados de presencia. Porque no están solos. Y así se lo recuerdan: “he visto cosas que vosotros no creeríais…”

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Mi Mau y yo lloramos de alegría.

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Acerca de david fernández

Bwv 582
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