Kiki, tenías razón

Hace veinte años acabé en Amsterdam por casualidad. Llevaba pocos años tocando el violonchelo, pero el amor era enorme y devastador por imposible. Vi un cartel por la calle “National Cello Competition”, y asistí tres días a ver y escuchar todas las rondas y llorar en torrente porque nunca conseguiría tocar a Schumann ni a Bach como aquellos monstruos.

En uno de los descansos se acercó a mí una señora mayor, como olvidar su nombre: Kiki. Me preguntó qué me afligía tanto, quería saber que era aquello que me atormentaba. Sin conocerla de nada le abrí mi corazón: el violonchelo lo era todo para mí, pero nunca había tenido formación musical, y después de unos años practicando hasta diez horas diarias, había entendido que tenía cero talento y destreza. Pero aún así lo amaba con todas mis fuerzas y me era imposible dejarlo (como de hecho me sugería mi padre, mi madre, mi hermano …y cualquiera que estaba cerca en aquel entonces y me quisiera).

Ella escuchó mi ditirambo sin interrumpirme, al cabo me miró fijamente, y me dijo unas palabras muy simples y directas: “Yo veo que tu vida es el violonchelo, entonces no lo dudes, dedícate a ello. Si no puedes tocar esta múisca, haz tu propia música, inventatela, y no hagas otra cosa. Así de sencillo. Hazlo.”

Me dejó K.O. Le dije que era absurdo. Que estaba totalmente fuera de mi alcance. Volvió a negar con la cabeza, me miró fijamente a los ojos, y me dijo que lo hiciera y punto.

Hoy voy a tocar a Amsterdam, a ese mismo “National Cello Competition”, que se ha convertido en la “Cello Biennale Amsterdam“, y voy a tocar mi puto violonchelo con mis propias putas composiciones. Mañana es el openíng y toco junto al ganador de la anterior edición. Jajajajajaa… me quedo en el mismo hotel que Misha Maisky, así que veré en el buffete del desayuno a mi héroe de juventud. Y tocaré en el mismo escenario que mi héroe Catalán Jordi Savall.

Kiki, tenías razón. Ojalá estés aún viva y pueda darte un beso en la boca y unas flores.

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