Dios mío, yo he pecado

El otro día acabé sentado en la mesa donde comía la actual junta directiva de la SGAE. La mayoría de sus miembros forman parte de eso que los grandes medios de comunicación han dado en llamar “la rueda”, aunque ellos consideran que este término despectivo ha sido inventado por las multinacionales y apoyado por los grandes medios de comunicación para desprestigiar una práctica legal (la de los derechos generados en la franja nocturna de las televisiones), por la sencilla razón de que es un pastel del que las multinacionales no pillan cacho.

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Padre e hijo antes de votar que sí

También parece ser que Antón Reixa (que presidió la SGAE después de Teddy Bautista) azuzó mucho el tema y disfrutó hablando de ruedas, pero luego se dio un hostión tremendo en el coche (que casualmente va sobre cuatro de esas) y desdijo sus Diegos.

Básicamente, las televisiones idearon un sistema para recuperar parte de lo que pagan a la SGAE. Reparten al 50% los derechos editoriales con determinados autores, y se inflan a poner horas y horas de música por la noche para generar derechos que luego generan beneficios. Muchos autores vieron en esta práctica (legal) una forma de ganarse la vida. Y algunos pocos se forraron.

Después de la comida se celebraba una votación clave. Yo fui a votar por ellos. Porque me lo pidió mi padre. Me dijo: hijo mío, tienes que venir a apoyarnos. Tienes que hacer esto porque es muy importante para la supervivencia de la SGAE. Ya papá, pero es que yo no creo en esto, y no quiero. Pues es con lo que tu padre paga el colegio de tus hermanas. Ya papá, pero yo soy un outsider del copón, además de que es feo votar una cosa solo porque beneficia a los tuyos. Así funciona el mundo. Hijo mío! Hazlo porque te lo pide tu padre.

Así que por una vez (y ya van dos, que también fui al concurso de Antena 3 a verle cantar) cedí, me comí mis principios, y voté lo que me dijo. Por mi padre.

Pero aún así no ganaron la votación. Lo siento papá. Yo voté lo que me dijiste. Fui un hijo obediente.

Como autor (ínfimo y marginal), me revuelve el estómago que la entidad encargada de recaudar y defender mis derechos se haya convertido en un circo, en una pelea de gallos, en un tira y afloja, en el coño de la Bernarda. Cada uno tira para lo suyo. Supongo que es necesario que el Ministerio de cultura y deportes (¿¿qué tendrá que ver la cultura con los deportes??) tome cartas en el asunto, y de alguna manera homogeneice y haga un reparto y una gestión lo más neutral posible. Porque si quién reparte es también quién luego cobra… malameeeente.

Papá, somos muy diferentes, no me pidas más cosas de estas por favor te lo ruego.