Julen

Estás en un agujero muy muy profundo. Hace ya días que eres un pequeño cadáver frío y oscuro. Además se llevaron tus chuches. ¿Qué coño les hubiera costado dejar esa bolsa de chuches que encontraron a 80 metros de profundidad contigo hasta que te sacaran? A un niño no se le deja sin chuches a 100 metros bajo tierra. Por muy cadáver que sea. Numerosas empresas con incontables medios y los mejores ingenieros trabajan duro para sacarte de allí. Te preguntas que para qué. Después de todo te sacarán de ese agujero de bajo la tierra para meterte en otro. Porque tú solo tienes dos años pero ya te has hecho cargo del trágico desenlace. Los adultos sin embargo, cien metros más arriba, aún acarician a la esperanza como quien acaricia a un perro manso y enorme que te lame y olisquea la mano, antes de pegarte un bocado que te arrancará varios dedos de cuajo. Te preguntas si no hubiera sido mejor que te dejaran allí tranquilo. Pero claro, los adultos (los mismos que hicieron el primer agujero y que ahora quieren salvarte haciendo más agujeros), se muestran resueltos y capaces, y no pararán ni escatimarán medios. Pero es que tú ya te has hecho al lugar. Si te hubieran dejado allí tranquilo, ese agujero se hubiera convertido en lugar de peregrinación, niños de todo el mundo hubieran venido a echar chuches dentro hasta colmar los cien metros que te separaban de la superficie. Luego tú simplemente hubieras ido subiendo por los caramelos, las piruletas, los chicles, las nubes dulces, los regalices, las gominolas, los chupachups… atravesando esa ofrenda dulce de los que hemos tratado de ponernos en tu piel (pero que no lo hemos conseguido porque no tenemos ni puta idea de por lo que has pasado) y hubieras utilizado esa columna de 100 metros de chuches, para salir de tu agujero a un mundo nuevo lleno de amor y de ternura en el que a ningún niño le pasan cosas malas. Porque esas cosas terribles solo pasan en los cuentos de los Hermanos Grimm, y esto tenía que ser un cuento, pero de los de ahora, de esos con dibujos preciosos y textos divertidos y didácticos donde al final todo se encauza y resulta hasta educativo. Si esto no es un cuento, Julen, entonces en ese agujero, más profunda aún que tú, yace nuestra inocencia, y aunque consigamos rescatar tu cuerpo, ninguna máquina tuneladora ni ningún ingeniero podrán jamás rescatar la inocencia que hemos perdido allí abajo.

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