Al fin. Está ocurriendo. 

En el avión hacia Lituania, un pedazo festival de música clásica. Cerrando por mail un concierto en Francia y preparando una mini-gira por Holanda. Eso por no mencionar la locura que se ha desatado en el buzón de entrada de mi mail: de una tacada tres pedazo conciertos en Alemania gracias a los que podré producir mi próxima pieza y tener un verano de ensueño. El año pasado decidí que ya estaba preparado. Antes de venir a Alemania a vivir de las monedas de los transeúntes, me levantaba 3000 pavos por bolo. Se acabó el tiempo de la calderilla. ¡Hay que volver al flujo incesante de capitales David!

Salí del pueblo mental llamado España dispuesto a conquistar el viejo continente. Han sido ocho años preparando el despegue desde lo más bajo, construyendo artesanalmente pieza a pieza mi cohete espacial. Diez … nueve … ocho … siete … seis … cinco … cuatro … tres … dos … uno … El rugido de sus motores es música para mis oídos. Gracias por confiar en mí David, sabia que no me ibas a fallar. Diosssss qué edad! que inmensa felicidad! y el otro día fue mi cumpleaños y los quince tíos de mi orquesta se desnudaron a lo David y gritamos y chocamos nuestros pechos y me sentí parte de una pandilla indestructible y luego no paré de follar en 48 horas … dos de mis amantes favoritas, mi cama un lugar de peregrinaje y avituallamiento sexual, un templo de cuerpos y gemidos y abrazos de náufrago recién rescatado. Y ayer tocando sin parar los preludios para violonchelo de Bach, por fin suenan bien joder, por fin!!! y luego bailando tango con una de las bailarinas más grandes de Berlín, —he venido para bailar solo contigo, me dijo— . ¿Qué más puedo pedir? Pues más. Quiero mucho más y mucho mejor. Y voy a aprender cómo se hace para conseguirlo y que se desborde sobre la maravillosa gente que tengo a mi lado. Siempre fui un sufridor nato, y parece que de tanto penar se me dio la vuelta el prepucio del sufrimiento y se me convirtió en esta felicidad llena de fertilidad, pelos y venas. 

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