Adios tío Gaspar

 

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Me llega por whatsup una foto de una foto, unos dedos la sujetan por el mar. Así el mar flota en el aire, como si fuera un cielo. En la foto mi tío Gaspar aparece con un salvavidas, pero ninguna vida se puede salvar, toda vida se pierde al ser vivida. Y él la perdió antes porque quizá la vivió más. La mala hostia es una gran pasión que se revuelve contra sí misma.

Algunos epitafios Gasparianos que se me ocurren: “Ahí os quedáis, que os den por el culo.” “Regarme los gatos y dar de comer a las plantas, amén.” “No puedo ver al PP volver a la alcaldía de Madrid, antes muerto, adiós.” “Me jubilo de la vida, qué júbilo.” “Con un pie en el cielo, otro en el infierno y los huevos en el purgatorio.”

Mi tío Gaspar tenía muy mala hostia. Un día escupió a mi hermano a la cara en la cena familiar. Solo por provocar. Me marcó mucho como persona, gran parte de mi libertad y mi pasión por la vida como individuo las mamé de él. Era un tipo con ideas políticas férreas. Psicólogo. Currante en áreas sociales. Siempre tuvo pareja, pero siempre fueron libres el uno del otro. Le gustaba el teatro, la danza… tenía “Así habló Zaratrusta” en sus estanterías (“nunca leas este libro si quieres mantenerte cuerdo”). Gracias tío Gaspar.

Tenía una cabeza enorme. Si Hamlet tuviera que coger su calavera para hacer el monólogo de “ser o no ser” necesitaría las dos manos y descansar de cuando en cuando.

En los mensajes familiares leo “se ha ido”, “nos ha dejado”, “ha fallecido” …¿pero a dónde se ha ido? ¿Qué es “fallecer”? (suena como fallar al hacer o amanecer fallido). Si hubiera que usar un eufemismo yo diría que mi tío Gaspar a follacido, que literalmente viene a ser que se ha follado a la vida y luego la vida se lo ha follado a él. En un toma y daca. Sin condón.

Porque eso es lo que ha pasado; mi tío se ha enfrentado a aquello que iguala a filósofos, reyes, putas, políticos, pobres, ricos, asnos, cangrejos, amebas y ganadores de premios Nobel: la muerte. Qué grande mi tío! Y qué pequeño.

La foto me llegó tocando un concierto en Marsella. Allí hablaba con François, su casa da al mar. Lo juro, me dijo: hoy he visto desde mi ventana a dos delfines nadando y jugando en el mar. Y ese mismo día me llegó esa foto de mi tío Gaspar con dos delfines, y entonces pienso que no puede ser casualidad, que esos dos delfines tienen que ser los mismos. Que se escaparon del puto acuario y recuperaron su libertad en el mar. Igual que mi tío Gaspar, que al fin se quitó el puto salvavidas y escapó del acuario que es la vida y encontró su libertad en la inmensidad, en ese mar del que todos vinimos y al que todos volveremos tarde o temprano.

Gracias tío Gaspar por tu pasión por la vida! A tomar por culo todo!!

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