Así habló Zaratustra

Siempre tuve miedo de leer este libro. Mi tío Gaspar (recién muerto) lo tenia en su estanteria, siempre me dijo que era peligroso. Es un libro que te invita a encerrarte en lo más profundo y dar voz a todas tus comadrejas, a dejar que ellas te guíen en la oscuridad. También te invita a ponerte en lo más alto, al borde, y mirar abajo asiéndote únicamente al vértigo, aguantando ahí tanto como te sea posible.

Pero hace unos meses mi madre me lo regaló. Entonces pensé que un libro que te regala una madre tiene que ser un libro seguro. No un libro-bomba. Un libro biberón. No un libro-soga. Un libro que consuela. No un libro-desierto de cuarenta días y cuarenta noches. Un libro-día. No un libro-noche. Así que desde entonces me acompaña en todos mis desayunos. Cada mañana avanzo poquito a poquito por sus páginas-sábanas, pringándolas de cafe y de mermelada de fresa. Zartrusta es tierno e inocente. Es un hombre feliz en extremo, que celebra la vida cada momento, que santifica sus risas poniéndose una corona de rosas en vez de una solo de espinas. Un felicísimo bailarín sobre el abismo, que mientras se sostiene sobre una de sus piernas, se olvida de que tiene otra, de pura inocencia. Gracias mamá por acompañarme de la mano al borde del abismo. Es un paisaje precioso. Es extraño que el tío Gaspar haya desaparecido. ¿Por qué pasó tanto miedo estos últimos años? ¿Por qué todos esos ataques de ansiedad y de pánico? ¡Él dijo que no lo había leido! ¡Él dijo que no lo habia leído!

Mi tío Gaspar fue bailarín amateur

Anuncios