Shina

Aquí está, la que fue mi gran compañera en los comienzos de mi tango, la primera persona con la que sentí que ese vicio de bailar y bailar me colmaba los sentidos y el ansia. Y en el mismo espacio que nos vio nacer en Berlin. El tango no se acaba nunca. Y mira que lo he intentado. Pero el maldito tango es ya como como un perro que te sigue allí donde vas, aunque no le des de comer, aunque no le hayas puesto nombre ni le llames. Mi Shina!! Eres un amor!!!
Bailando a Troilo!