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Así habló Zaratustra

Siempre tuve miedo de leer este libro. Mi tío Gaspar (recién muerto) lo tenia en su estanteria, siempre me dijo que era peligroso. Es un libro que te invita a encerrarte en lo más profundo y dar voz a todas tus comadrejas, a dejar que ellas te guíen en la oscuridad. También te invita a ponerte en lo más alto, al borde, y mirar abajo asiéndote únicamente al vértigo, aguantando ahí tanto como te sea posible.

Pero hace unos meses mi madre me lo regaló. Entonces pensé que un libro que te regala una madre tiene que ser un libro seguro. No un libro-bomba. Un libro biberón. No un libro-soga. Un libro que consuela. No un libro-desierto de cuarenta días y cuarenta noches. Un libro-día. No un libro-noche. Así que desde entonces me acompaña en todos mis desayunos. Cada mañana avanzo poquito a poquito por sus páginas-sábanas, pringándolas de cafe y de mermelada de fresa. Zartrusta es tierno e inocente. Es un hombre feliz en extremo, que celebra la vida cada momento, que santifica sus risas poniéndose una corona de rosas en vez de una solo de espinas. Un felicísimo bailarín sobre el abismo, que mientras se sostiene sobre una de sus piernas, se olvida de que tiene otra, de pura inocencia. Gracias mamá por acompañarme de la mano al borde del abismo. Es un paisaje precioso. Es extraño que el tío Gaspar haya desaparecido. ¿Por qué pasó tanto miedo estos últimos años? ¿Por qué todos esos ataques de ansiedad y de pánico? ¡Él dijo que no lo había leido! ¡Él dijo que no lo habia leído!

Mi tío Gaspar fue bailarín amateur

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Hoy he vuelto a sentir su asco. Su odio y su desprecio al posar sus manos sobre mi cabeza. De nuevo esas miradas de perdona vidas, ese desdén y ese desinterés absoluto. Sentarte en una silla y pagar por ser humillado una vez más. Hoy he vuelto a ir a la peluquería.

Dos minutos

Acabo de pasarme una semana entera actualizando el montaje del vídeo-demo de mi trabajo. Joder qué bien va todo. Por fin! Después de todos esos años duros… qué gusto da… me basta con tocar un concierto al mes para poder mantenerme e ir produciendo mis otros trabajos. Ya no tengo que volverme loco como antes escribiendo a cien sitios y rogando. Ahora me van llegando dulces invitaciones por aquí y por allá. La gente me respeta y me cuida. Esto es un puto sueño. Dedicarte a lo que te gusta bajo tus propias reglas. Aprecio esto cada día. Lo he tenido difícil, soy un zoquete como músico, pero mi amor ganó a mi falta de talento.

Teatroteca y Angeliteca

En youtube descubrí por casualidad el canal de la “Teatroteca”, …auch! Un montón de vídeos maravillosos de cosas y más cosas de teatro. Pero de repente lo cerraron. Pude rescatar mi monólogo favorito de Angélica. Puto Himalaya! Recuerdo cuando lo vi de casualidad en Valencia en 2005(?), éramos 6 espectadores. Quedé fulminado. Escribí a Mateo Feijoo y le pedí el mail de aquella bestia. A la semana siguiente le escribí. Quería trabajar con ella. Le hice una propuesta peregrina. Por su puesto… me mandó a paseo. Años más tarde la vuelta se daría tortilla.

Aquí va el link para la web de la Teatroteca. Todo da bastante grima (si ya el teatro en vivo da cosilla… en vídeo la experiencia puede ser traumática de por vida!) … pero hay joyas escondidas.

http://teatroteca.teatro.es/opac/#indice

Nathalie Stutzmann!

Desde hace cinco años no tengo internet en casa. De vez en cuando paso días en otras casas con wifi, y entre polvo y polvo (¿puede la vida ser más maravillosa?) descubro estas cosas. ¡Qué mujer tan brutal! Qué voz cavernosa y Nieztscheana joder… qué forma tan potente de dirigir y cantar. Hace a penas un año que tuvo que disolver su orquesta Orfeo 55 por falta de apoyo… Increíble. ¡Qué difícil es mantener una orquesta! …incluso si eres una diosa.

 

https://nathaliestutzmann.com/

 

Y la forma en la que el violonchelista la mira… Auch!!! Oh cara sposa!!

 

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Maestros

Vuelvo otra vez a Angélica, de cabeza. Uno elige a sus maestros igual que a sus cicatrices: a golpes, punzadas, caídas fortuitas y besos. Estoy leyendo un libro suyo … no era consciente de su enormidad como escritora, es que no era consciente en absoluto. ¡Qué bien escribe la muy hija de la gran puta! Admito que hace diez años no me gustaba. Pero ahora se me cae la baba. Cuanto ha crecido. Qué enormidad su palabra.

Yo quería aprender a escribir de su mano. Así que entre los dos ideamos un dispositivo. Yo soy incapaz de escribir en diferido como hacen los escritores —es decir, teniendo como destinatario a un futuro e hipotético interlocutor—. Este blog, por ejemplo, me permite la ilusión de la inmediatez, y es mi ejercicio de escritura. El caso es que decidimos escribirnos el uno al otro en directo desde nuestros respectivos espectáculos. El público leería y accedería en directo a la escritura de esos textos dirigidos para el otro, y a su vez el otro los recibiría al día siguiente y los utilizaría en su próxima salida a escena.

En escena se crea una energía y una concentración imposible de reproducir en un ensayo o en el estudio. Desde luego que allí se escribe de otra forma.

Además de mi maestra de literatura (aún sigo leyendo libros a los que llegué gracias a los libros que ella me dio), Angélica también fue y sigue siendo mi maestra de música. Por su puesto que ser músico es la más grande de mis aspiraciones en esta vida… ¡Pero no iba a ir a una escuela de música! Eso sería como querer amar, y apuntarse a una escuela de amor. A amar uno aprende igual que uno elige a sus maestros: a golpes, punzadas, caídas fortuitas y besos. Y a ser músico, uno aprende igual que uno elige a sus maestros y que uno aprende a amar.

Odiando.

Solo se puede aprender a amar aquello que se odia, pero que no se puede odiar con la misma intensidad con la que uno lo ama. De esa forma el amor vence a su contrario y prevalece sobre todo lo demás; irreductible. Es así un amor irreversible.

Recuerdo cuando me compré mi segundo clave, el que me acompaña aquí en Alemania desde hace 6 años. Mi compañero de piso por entonces me preguntaba que por qué cojones tocaba tantas horas cada día, que si iba a dar un recital o algo así. Yo le dije que no, que tocaba para mí. Pero lo cierto es que sí estaba ensayando para un recital; el que al fin tocaré a finales de año en Barcelona, en honor a un amor de dos personas cuyo amor por sí mismos estaba por encima del mismísimo amor.

Flipando con Virginie Despentes. Qué necesario el feminismo para tipos como yo. Qué gozada que vapuleen de esa manera a este macho latino. Arg! Si! Hay que leer a esta mujer.

Hoy me voy a poner a escribir. Música! Me acabo de descargar “Seven Tears” de John Dowland (¿el primer músico en la historia que compuso sobre sus propias cositas?) y Napalm Death. De alguna forma para mí el death metal y esta música sagrada y antigua están relacionados íntimamente y me han hecho el músico y la persona que soy. También me he pillado una botella de wisky. Jejjeje … vaya agosto más a gustito que estoy teniendo… todo el día encerrado en mi casita con mis cosas.

Qué gozada de vida joder. Sé que hay un Berlin vibrante ahí afuera… pero me gusta más el de aquí adentro.

Sufrimiento y depresión y disfrutón

Antaño yo era un sufridor nato, de fondo. Desde bebé sufría con una determinación estoica. Supongo que sufrir tanto me confería cierta dignidad, un peso específico. Me hacía sentir superior a los demás, a salvo de sus juicios o de su indiferencia. Cuanta más honda era mi miseria, más seguro estaba de llevar razón en todo. De tener un propósito en la vida.

Según he ido encontrando un propósito y la razón se ha ido poniendo de mi parte, sufrir dejó de tener sentido. Por otro lado sufrir me jodía, me jodía muchísimo. No podía soportarlo. Sufrir para ser hondo, me hacía sufrir de verdad. Así que lo dejé. Recuerdo proponérmelo firmemente, allá por los veintidós o veintitrés años, “voy a dejar de sufrir”.

También descubrí tretas y atajos. Por ejemplo, fui consciente de la enorme sed de tristeza que habita en mi interior. Es como un monstruo obeso y caprichoso que ansía drama, tristeza y pena. Ese monstruo está ahí. No puedo obviarlo, ni matarlo. Y el muy hijo de puta es bulímico. Sus patatas fritas son la tristeza misma. Necesita dosis enormes cada día. Es como tener un león en casa: si no le das sus quince kilos de carne cada día, se comerá a todas tus visitas. Se alimentará de la gente que te rodea, de tus amigos, amantes y familiares. Así que yo proveo de tristeza a ese monstruo obeso, pero sin permitir que se alimente de drama proveniente de mi vida real. Cada día toco y escucho la música más triste del mundo. Todas las zarabandas de Bach, en una playlist infinita. Y el león se me ha convertido así en un enorme gatete que ronronea y en cuyo regazo duermo la siesta.

Igual me pasó con la depresión. Desde que tengo uso de razón me recuerdo atravesando hondos valles, flotando por interminables periodos de tiempo en pozas de agua estancada, sintiendo los arañazos en mi piel de las garras de cientos de águilas ahogadas, cuyos cadáveres flotaban junto al mío, mecidos por olas lentas y pegajosas. Pero esos periodos se han ido reduciendo más y más, hasta que han desaparecido casi por completo. Aunque es cierto que me siento menos hondo y menos asistido por la razón sin mis depresiones. Pero eran jodidas de cojones. Que les den.

¿Qué soy sin mi sufrimiento y sin mis depresiones? Me he convertido en un profundo disfrutón. Ahora todo lo que queda de aquella oscuridad es su luminosa puesta en escena —a través de mi música y de mis obras—, brindándome distracciones y viajes, engrosando mi cuenta corriente. Quizá he dejado de tener razón, y hasta he perdido cierta distinción que el sufrimiento me confería. Pero me da igual. Siempre supe que tras esa densa capa de sufrimiento había una felicidad igualmente densa. En ella estoy atrapado. Que nadie me ayude a salir de aquí, por favor.

Waterproof en Spotify!

Grabar un disco es una tortura a la que no creo que vuelva a someterme. Este tercero y (espero) último lo hice ya como un ejercicio de voluntad, para liberarme de la música que había compuesto y de su carga. Reconozco algunos hallazgos y el buen hacer de la experiencia acumulada, pero seamos sinceros… musicalmente hablando es totalmente intranscendental. Me ocurre en casi todos los ámbitos de la creación, no tengo nada trascendental que decir ni aportar, pero necesito insignificarme en voz muy alta y con todos los medios disponibles a mi alcance.

Ayer mi amiga Mónica me hizo notar algo que ha cambiado mi concepto de la noche, y en lo que nunca había caído. Las estrellas que brillan en el cielo, están a cientos, miles de años luz. Eso quiere decir que el brillo que nos llega, su luz, es la luz que emitieron hace cientos o miles de años. Así que el cielo que vemos es una foto de su propio pasado, lo que estamos viendo ahora es cómo era el universo hace miles o millones de años. Mirar al cielo es mirar al pasado, ver cómo era todo antes de que existiéramos. Es probable que estemos viendo estrellas que llevan muertas una eternidad, incluso es posible que estemos utilizando esas estrellas ya desaparecidas, para guiarnos en la noche. Un fantasma indicando el norte de la humanidad. 

Alemania de mi corazón

Estoy lleno de amor. Toda la semana montando la puesta en escena de la sinfonía n.3 de Beethoven con la orquesta Stegreif. Como en mis piezas me encargo de la escenografía, dramaturgia, dirección, iluminación, catering, temperatura del aire… pero esta vez con veinte personas a mi cargo y una música y un espacio de ensueño. Esto es adorable, qué maravilla y qué gozada. Qué natural y qué bonito poder decirle a todo el mundo lo que tiene que hacer, y tener la última palabra en todo. Ay! El placer secreto y humano de mandar… Estamos ensayando en Nuevo Brandemburgo, en una antigua base de torpedos Alemana, donde los nazis probaban sus juguetitos. Es un festival de música clásica con ganas de liarla… naves industriales antiguas llenas de orquestas y cuartetos de cuerda … Aunque nosotros estrenamos en una iglesia brutal.

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La capacidad de organización de los Alemanes es increíble. Estos chavales son increíbles. Formamos Stegreif Orchester hace menos de cuatro años! El primer año no cobrábamos por tocar. Treinta personas en escena es mucha gente… pero en 2018 ya contamos medio millón de euros de presupuesto. Y todo autogestionado. Estos Alemanes son increíbles, repito. Una orquesta de música clásica así no duraría ni un mes en España. Cada área (producción, catering, técnica, reparto, ensayos, composición, etc.) es responsabilidad de grupos voluntarios entre nosotros. No hay peleas ni rollos. Es una sensación rara. Todo fluye y es placentero. El año que viene empezaremos con nuestro gran proyecto, la novena de Beethoven… tremendos estos Alemanes.

Pero no solo tocamos en salas sinfónicas. Hace dos semanas tocamos en el Fusion-Lärz festival. ¡70.000 personas! Y resulta que este festival es igual que la orquesta. Autogestionado, sin patrocinadores, sin subvenciones. Setenta mil personas, y ni un solo policía. Veinte años de festival, y ni un patrocinador. ¿Utópico?: Alemán.